Breve historia de los rótulos luminosos: de la bombilla a las pantallas LED

Un estudio de marketing asegura que recibimos alrededor de 3.000 impactos publicitarios a diario. Y entre ellos, los rótulos luminosos se cuentan entre los más efectivos. No es de extrañar, si tenemos en cuenta que forman parte del paisaje urbano de nuestros barrios y ciudades y, en definitiva, de nuestro día a día. Una realidad que lleva acompañándonos desde hace décadas. Ahora bien, ¿conoces la historia de los rótulos luminosos?

Aunque los rótulos LED son una de las estrategias publicidad más habituales, la publicidad exterior luminosa ha experimentado una gran transformación desde sus inicios. Y te aseguramos que no hace tanto de eso. Si quieres saber más acerca de cómo han evolucionado los carteles luminosos, te invitamos a acompañarnos por este pequeño recorrido. ¡Presta atención!

¿De cuándo son los primeros rótulos luminosos?

De acuerdo: no es sencillo imaginar las grandes metrópolis como Tokio, Nueva York o Las Vegas sin sus rótulos luminosos de LED parpadeando sobre las fachadas de los rascacielos y desplegando un torbellino de colores ante los transeúntes. Incluso, su presencia ha llegado a eclipsar a otros reclamos arquitectónicos de la zona, como ocurre en la plaza de Piccadilly Circus, en Londres.
Sin embargo, lo cierto es que la publicidad luminosa es relativamente reciente y está estrechamente ligada al nacimiento de la luz eléctrica. Una fecha clave es 1880, año en el que el inventor estadounidense Thomas Alva Edison patentó la primera bombilla incandescente, allanando así el camino a otro pionero mucho menos conocido: George Claude (1870-1960), el químico, físico e inventor parisino que inventó el letrero de neón en 1902. La patente llegaría ocho años después.
Así, Francia tuvo el honor de ser el primer país del mundo que exhibió carteles publicitarios luminosos (en concreto, el establecimiento que dio el pistoletazo de salida fue la barbería de un amigo de Claude). El ingeniero explotaría su patente hasta 1932, fecha en la que esta concluyó.
Habría que esperar hasta la década de los felices años veinte para que este ingenio desembarcara en Estados Unidos. La empresa automovilística Packard fue la primera firma estadounidense en abrazar esta tendencia. Lo hizo a lo grande, desembolsando 24.000 dólares de la época en la compra de dos pantallas gigantes adquiridas a Claude, el Edison francés.
De todos modos, las ciudades no serían el único marco que acogería los flamantes carteles luminosos: también las carreteras acabaron sucumbiendo a esta moda. Rebautizados popularmente como fuego líquido, los carteles de neón enamoraron a los anunciantes, ya que los rótulos luminosos podían verse sin problemas a pleno sol y, por supuesto, de noche, sin pasar por alto su innegable atractivo visual. De ahí que los letreros de neón se convirtiesen en un símbolo nacional de la inventiva y la creatividad estadounidenses.
Uno de los grandes creativos del momento fue el ejecutivo de publicidad y diseñador de iluminación estadounidense Douglas Leigh (1907-1999), quien tuvo la idea de reforzar los letreros luminosos con animaciones, sonidos y olores, creando una experiencia multisensorial. Uno de los principales logros fue la creación de un cartel publicitario de una conocida marca de cigarrillos que expulsaba anillos de humo. Casi nada, ¿verdad?
Las letras corpóreas también irían ganando terreno, así como otras formas más imaginativas. Sin ir más lejos, el famoso anuncio luminoso de Tío Pepe, instalado en Madrid, data de 1935 (como ves, España tampoco quedó al margen de esta fiebre).

Los carteles luminosos después de la Segunda Guerra Mundial

Tras la Segunda Guerra Mundial, los años cincuenta fueron testigo del boom de los letreros luminosos de neón en Estados Unidos, país que no notó los efectos de la guerra en su suelo. A ello contribuyó decisivamente el New York’s Egani Institute, al que se destinaron fondos para que reavivase la actividad comercial y se promoviera la fabricación de rótulos luminosos.  Así, los restaurantes y cines estadounidenses se cubrieron de neones en uno de los mayores fenómenos de la cultura pop. La imaginación de diseñadores y publicistas alumbró nuevas formas y fuentes tipográficas que, además, eran el no va más de la modernidad. Las razones de su popularidad eran claras: pese a contar con un diseño y una rotulación a veces de lo más sencillo, su impacto entre los transeúntes era enorme.
Lo que muy pocos sabían es que el éxito del neón tenía los días contados. Solo una década después, en la de 1960, este tipo de rótulos apenas tenía demanda, si bien los viejos letreros aún seguían brillando en las fachadas de los edificios.
Pero el ecuador del siglo XX traería consigo otro cambio, ya que las bombillas incandescentes —también presentes en muchos letreros luminosos— fueron reemplazadas por los tubos fluorescentes, cuya luminosidad era mayor. Estas fuentes de luz habían sido inventadas en 1927 por el alemán Edmund Germer (1901-1987), impulsor de las lámparas fluorescentes de alta presión, que proporcionan una mejor iluminación desprendiendo menos calor. Germer aprovechó la aportación que habían realizado entre 1856 y 1857 el físico francés Alexandre Edmond Becquerel (1820-1891) y su padre, quienes habían indagado acerca de los fenómenos de la iluminación fluorescente, recubriendo los tubos eléctricos con materiales luminiscentes.

Los años sesenta: la aparición del primer panel LED

Otro punto de inflexión en la historia de los rótulos luminosos lo encontramos en la década de 1960. Fue entonces cuando el cristal acrílico se consolidó como un material habitual en el ámbito de la publicidad exterior, ya que distribuía la luz uniformemente. Poco a poco, los tubos fluorescentes irían ganando en eficacia a medida que disminuía su tamaño. El proceso continuó hasta la aparición de diodos luminosos o diodos emisores de luz (o LED, en sus siglas en inglés). El primer LED en el espectro visible lo inventó en 1962 el ingeniero estadounidense Nick Holonyak (1928), un empleado de la compañía General Electric.
Con los años, la publicidad luminosa se ha vuelto cada vez más eficiente desde el punto de vista del consumo energético. Por esta razón, entre otras, los fluorescentes hayan cedido el testigo a los carteles luminosos de LED, vallas publicitarias LED y las pantallas LED de exterior que hoy salpican las calles y avenidas de ciudades de los cinco continentes. No obstante, el uso del LED también ha obligado a aumentar los estándares de calidad en los materiales con los que se fabrican los paneles LED, con el fin de lograr una correcta dispersión de la luz.

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Hasta aquí este pequeño recorrido por la historia de los rótulos luminosos. En cualquier caso, si aún no has descubierto todas sus ventajas en primera persona, te animamos a conocer cómo puede ayudarte la publicidad digital. Ponte en contacto con Visual Led sin compromiso, por teléfono, por correo electrónico o a través de nuestro formulario. Nuestro equipo, con presencia desde en 2003 en una treintena de países, te ayudará a aclarar tus dudas y te asesorará de forma honesta y profesional para que tu negocio destaque de la mano de nuestros productos. Además, también puedes utilizar nuestra calculadora de precios de pantallas LED para obtener un presupuesto aproximado para el rótulo o letrero luminoso más adecuado para tu tienda o establecimiento. ¡Te esperamos!

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